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Necesitamos líderes, no solamente dirigentes

Nuestra sociedad tiene muchos dirigentes. Lo que quizá empieza a escasear son los verdaderos líderes.

La diferencia no es un asunto de palabras. Un dirigente puede ocupar un cargo, representar una organización, presidir una institución o tener capacidad para movilizar personas. Un líder, en cambio, tiene algo más difícil de conseguir: la capacidad de inspirar, construir confianza y poner sus capacidades al servicio de una causa que trasciende sus propios intereses. 

Colombia, y particularmente nuestras regiones, necesitan urgentemente esa clase de liderazgo y para contribuir a solucionar esa falencia en Risaralda, Sociedad en Movimiento desarrolla la Escuela de Liderazgo.

Necesitamos liderazgo en la política, también en las empresas, las universidades, las organizaciones sociales, las comunidades y las instituciones públicas. Lo necesitamos para enfrentar problemas que no pueden resolverse desde una sola oficina ni mediante decisiones individuales: la desigualdad, la corrupción, el deterioro ambiental, la pérdida de confianza en las instituciones, la violencia, las dificultades de nuestros jóvenes y las enormes transformaciones que están produciendo la tecnología y la inteligencia artificial.

Frente a desafíos de esa magnitud, no basta con tener personas inteligentes o técnicamente preparadas. Necesitamos personas capaces de comprender la realidad, escuchar a los demás, trabajar con otros y asumir responsabilidades colectivas.

Y el liderazgo no debería ser entendido como una cualidad reservada para unos pocos, también se aprende.

Liderar es aprender a servir

Uno de los grandes riesgos de nuestra época es confundir liderazgo con protagonismo. 

El líder verdadero no necesita estar siempre en el centro. Su éxito no se mide por el número de personas que lo siguen, sino por su capacidad para conseguir que otros participen, aporten y se conviertan también en protagonistas. 

Por eso formar líderes significa mucho más que enseñar técnicas para hablar en público, dirigir equipos o tomar decisiones. Significa desarrollar pensamiento crítico. Aprender a escuchar. Entender que las diferencias no necesariamente son obstáculos. Aprender a argumentar sin descalificar. Reconocer los problemas de la comunidad. Identificar oportunidades. Trabajar colectivamente. Y, sobre todo, comprender que el poder y el conocimiento adquieren sentido cuando se ponen al servicio de los demás. 

Esa es una tarea que no puede dejarse para cuando los jóvenes lleguen a la universidad o ingresen al mundo laboral, hay que comenzarla antes.

Una escuela para construir ciudadanía

En esa tarea adquiere especial importancia la Escuela de Liderazgo de Sociedad en Movimiento. Su valor no está solamente en ofrecer formación. Está en crear un espacio para que jóvenes y ciudadanos puedan encontrarse, conversar sobre los problemas de su territorio, desarrollar capacidades y descubrir que también tienen la posibilidad de intervenir en la construcción de su futuro. La formación de líderes necesita precisamente esos espacios.

Porque nadie se convierte en líder únicamente acumulando conocimientos. El liderazgo se construye cuando una persona aprende a relacionar lo que sabe con lo que ocurre a su alrededor; cuando deja de preguntarse solamente “¿qué puedo obtener?” y comienza a preguntarse “¿qué puedo aportar?”.

Una escuela de liderazgo puede ayudar a producir ese cambio. Puede enseñar que participar no significa simplemente protestar o reclamar; significa también proponer, organizar, dialogar, construir acuerdos y asumir responsabilidades. 

Puede ayudar a que nuestros jóvenes entiendan que la democracia no se reduce al voto cada cuatro años, sino que requiere ciudadanos capaces de vigilar, deliberar, participar y defender el interés colectivo.


Fecha: 00 de de 0000
Lugar: Colombia
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