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Liderazgo y Transformación Social

Por Mario E. Vargas Sáenz, PhD 

Es difícil pensar en una palabra de mayor demanda y circulación en los códigos y manifestaciones comunicativas de la actualidad que el Liderazgo. Se construye, se exige, se reclama, se anhela, se extraña. Tantas prosiciones enfrentadas desde su misma génesis: se nace o se aprende; tantas utopías y excesos de quienes, en sus contradictorios y poco sabios programas y propuestas directivas, de gobierno o de gestión, confunden el liderazgo con egoísmos disfrazados de corrupción, de cinísmo e incluso de tiranía.  

Si bien el liderazgo se ha asociado conceptualmente a la capacidad o al poder influir sobre otro (s) los modelos desarrollados ulteriormente han tenido en demasía un enfoque transaccional pensados en dos roles predeterminados como de jefes y subordinados, condenándolo al mero cumplimiento formal de las obligaciones derivadas de la misma condición . Por ello se consideró igualmente oportuno asociar el liderazgo a manuales y reglas de asignación de recompensas, reconocimientos y demás asociadas al éxito transaccional dando toda la razón a los teóricos ultradefensores de las motivaciones extrínsecas como las de verdadero impacto y eficacia organizacional. Esta visión, por demás limitada y empobrecida, lleva a convertir el liderazgo y a quien lo encarna en una especie de proveeduría social que debe proporcionar energía, motivación, frecompensa, aliento y espalda a su grupo plural de subordinados, destácandose el verdadeto liderazgo como resultante de una rara ecuación en donde a mayor nivel de seguidores y dependientes, mayor poder y fortaleza posee el líder, una especie de apología de la obediencia instrumental. De hecho aún hoy vemos cursos, teatros y escenarios llenos inscritos avidos de recetas que pagan por escuchary tomar nota atenta y literal de aquellos que “lideran” y dirigen a 10 mil o a cientos de miles olvidando a quienes realmente tocan la vida de pocos, empezando por la propia y de una manera definitiva.  

Una mirada distinta es la propuesta por el modelo transformacional en donde el intercambio social y la mutua contaminación generan cambios e improntan que tocan vidas de forma definitiva. Y no es una opción leseferista o facilista como podrían sostener algunos partidarios de la critica a priori; por el contrario es eficaz y productiva solo que con la gente, instalando en cada uno la posibilidad de revelar y dinamizar el verdadero valor de su propia existencia así como facilitar – no imponiendo – la cocreación de una visión compartida que permita, sin lugar a dudas, obtener resultados que a su vez, como efecto cascada, inspiren a otros para avanzar en esta dirección y camino. Precisamente esta posibilidad de tocar vidas es la que permite inspirarlas, es la que allana la senda estrecha del autoreconocimiento y de la libertad como posibilidad de ser sí mismo, y a partir de ello, solo a partir de sí mismo de manera consciente y autoregulada, se es capaz de incidir e inspirar a otros en un continuom generador de valor consciente y creciente.  

Cerrando este pequeña reflexión vale la pena señalar que caminos posibles para recuperar el optimismo, si estuviese deteriorado, es precisamente la formación -no la capacitación pasiva y repetitiva, formalista y subjetiva-, entendida como el entrenamiento acompañado de expertos que permite exponerse permanentemente para el autoreconocimiento y el feedback de los demás; formación que se instala en el ámito educativo y con mayor fuerza en la escuela, como lugar del nacimiento social de los seres humanos, espacio privilegiado que determina la existencia, la calidad y el éxito de procesos de cambio en la escuela, pues con Murillo (2006) se afirma la necesidad de contar en este, como en cualquier ámbito, con personas que ejerzan un liderazgo desde el interior de la escuela que inicie, impulse, facilite, gestione y coordine el proceso de transformación. Personas con una preparación técnica adecuada pero, sobre todo, con una actitud y un compromiso con la escuela, la educación y la sociedad capaces de ponerse al frente del proceso de cambio.   

El propósito de la RED es generar cambios personales, grupales e institucionales, a través del impulso de actitudes y capacidades para el conocimiento de si mismo, la relación con otros, el desarrollo de proyectos, el razonamiento y la reflexión sistémica y la producción de estrategias que beneficien la inserción y la intervención de los jóvenes como ciudadanos y actores trascendentales del progreso.  

Palancas para estas apuestas de sociedad existen y no es necesario ser demasiado inventivo, basta ser creativo en el cómo “aprovecharse” de las ya existentes ,como puede ser la “triple hélice”  como sinergia entre la Universidad, la Sociedad y la Empresa en cualquiera de sus formas y expresiones, excelente demostración de la capacidad de co-cosntruir, de recorrerr juntos el mismo camino.  

Resultados? Preferiría que pensasemos en impacto…. Entonces el liderazgo tendría mayor sentido y pertinencia…..   la confianza está dada… la sociedad es nuestra prioridad y mayor responsabilidad. 


Fecha: 09 de Mayo de 2019
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