Mientras en buena parte del país la educación sigue atrapada entre la deserción escolar, las brechas sociales y las limitaciones presupuestales, en Risaralda existe una experiencia que demuestra que sí es posible transformar comunidades: el programa Círculo Virtuoso, impulsado por Sociedad en Movimiento.
La expresión “círculo virtuoso” suele usarse para describir procesos donde las acciones positivas generan nuevos resultados positivos y crean una dinámica de mejoramiento continuo. En educación, significa que una mejor formación produce mayores oportunidades, ciudadanos más preparados y comunidades más fuertes; y esos avances, a su vez, fortalecen nuevamente la educación.
Pero en Risaralda el concepto dejó de ser teoría. Desde hace más de una década, el programa Círculo Virtuoso ha intentado convertir esa idea en una estrategia concreta de transformación social.
La iniciativa nació en 2012 desde Sociedad en Movimiento, que es un proceso de articulación entre universidades, sector público, organizaciones sociales y empresas, creada para impulsar el desarrollo regional basado en el conocimiento. Desde entonces, el proyecto ha trabajado con niños, jóvenes y familias de sectores vulnerables, especialmente en Pereira y recientemente en municipios como Apía y Santuario.
Su apuesta resulta ambiciosa: intervenir de manera integral todo el proceso educativo y social de los estudiantes. No se trata únicamente de enseñar matemáticas o lenguaje. El modelo incorpora bilingüismo, robótica, pensamiento científico y creativo, salud sensorial, acompañamiento psicosocial y orientación familiar.
En otras palabras, el programa entendió algo que durante años el país ignoró: un niño no aprende solamente porque exista un pupitre en un salón. Aprende mejor cuando tiene condiciones emocionales adecuadas, acceso a salud, apoyo familiar, estímulos culturales y expectativas reales de futuro.
Ahí radica la esencia del círculo virtuoso. Un estudiante motivado mejora su desempeño; un mejor desempeño fortalece la permanencia escolar; la permanencia abre puertas hacia la educación superior y el empleo; y todo ello termina impactando positivamente a la familia y al entorno social.
Los resultados del programa han sido significativos. Según información de Sociedad en Movimiento y de la Universidad Tecnológica de Pereira, más de 10.000 niños han sido beneficiados por las distintas fases del proyecto. Además, la iniciativa ha logrado articular universidades, organizaciones comunitarias y entidades públicas alrededor de un propósito común: cerrar brechas educativas y sociales.
El modelo incluso ha sido reconocido como una experiencia de innovación social y transformación territorial. Investigaciones académicas destacan que el Círculo Virtuoso logró integrar educación, salud, innovación y apropiación social del conocimiento como herramientas para romper ciclos de pobreza.
Lo verdaderamente importante es que el Círculo Virtuoso no propone soluciones milagrosas ni discursos populistas. Su apuesta es más profunda: construir transformación social desde la primera infancia, entendiendo que la educación no puede depender únicamente del esfuerzo individual de cada estudiante, sino de una red articulada de oportunidades.
En tiempos donde el debate público suele concentrarse en escándalos, confrontaciones políticas y promesas de corto plazo, experiencias como esta recuerdan algo esencial: las sociedades no cambian únicamente con grandes obras de cemento, sino formando ciudadanos capaces de pensar, crear y construir futuro.
Risaralda ya tiene un ejemplo de que ese camino sí es posible. La pregunta es si la región tendrá la capacidad, y la voluntad, de sostenerlo en el tiempo.
Por: James Fonseca Morales