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“Dejen de publicar mi vida en sus redes”

La obsesión de los padres por mostrar cada paso que dan sus hijos, incluso cuando ya son adolescentes, es el centro de una agitada polémica. ¿Cuándo deben los pequeños empezar a decidir sobre su identidad virtual?

Dicen los sondeos que para cuando un niño cumple 5 años, sus padres ya han publicado cerca de 1.500 fotos suyas en redes sociales como Facebook, Instagram y Twitter. A ese collage de imágenes, en el que por supuesto está incluida la ecografía de las 12 semanas de gestación, se le conoce como identidad digital, algo que el 92 por ciento de los niños menores de 2 años ya tiene gracias a sus padres, de acuerdo con varios estudios. 

El fenómeno viene del término inglés sharenting, que nace de unir las palabras share (compartir) y parenting (criar), una tendencias creada por las redes sociales y blogs donde a los padres les encanta mostrar toda la vida de sus hijos, “desde su primera carcajada hasta el primer día en el jardín”, dice María Álvarez, de Common Sense Media. 

Muchos lo ven como un hábito inofensivo de mantener al tanto a familiares y amigos de los progresos de sus hijos, y también para acompañarse en la difícil tarea de educar. Pero abogados, pediatras y psicólogos debaten acaloradamente sobre la conveniencia de hacerlo solo para obtener unos cuantos ‘me gusta’ de sus seguidores. 

Para algunos el asunto no es diferente a lo que pasaba en otras épocas, cuando los papás ocasionalmente contaban alguna anécdota jocosa de sus hijos mientras ellos rogaban que se los tragara la tierra. “O cuando mostraban a las tías y amigos el álbum familiar con la foto del niño desnudo lleno de talcos”, dice el psicólogo Juan Carlos Cuervo, del Instituto de la Familia de la Universidad de La Sabana. Pero eso, que era más privado y efímero, “sucede hoy delante de un público más amplio y desconocido. Y la exposición es para siempre”, dice el experto. 

El nuevo término también incluye la costumbre de algunos padres de publicar videos en los que los regañan o les hacen bromas, lo cual es una clara violación a su derecho a la intimidad. “Es una situación familiar que debe permanecer privada”, dice Álvarez. Recientemente Heather y Mike Martin, una pareja de youtubers del canal DaddyOFive, fueron despojados de su patria potestad por sus crueles chanzas en las que hacían sufrir a sus hijos para divertir a sus seguidores. 

Pero estos son casos extremos. El foco hoy está puesto en las fotos cotidianas que todos los orgullosos papás suben a sus redes. Una de las principales preocupaciones es que esa información tenga consecuencias en el futuro y muchos de ellos se pregunten por qué les crearon una identidad virtual antes de tener una real. “A esto le llaman ‘secuestro virtual’ porque el niño no elige qué se hace público o no, y por tanto se vulnera su voluntad”, explica Cuervo. 

La psicóloga Carolina Guzmán dice que el tema parece inocuo porque los niños no pueden opinar sobre el asunto. Pero es posible que cuando sean mayores ese pasado digital que no pudieron controlar los persiga para siempre. Su identidad en línea existirá antes de que ellos decidan tener una cuenta en una de estas redes, y según Stacey Steinberg, profesora de derecho de la Universidad de Florida en Gainsville, “los niños tienen derecho a entrar a la adultez libres de crear su propia huella digital”. Además de esto, Álvarez señala que muchas compañías de mercadeo en Estados Unidos crean perfiles de los menores con fines comerciales. Es posible que los hagan basados en lo que sus padres publican, información que les puede generar barreras o fuente de prejuicios en el futuro.

Aunque el destinatario objetivo de las imágenes son los abuelos, tías o primos, los padres no intuyen que estas fotos pueden llegar a ojos de desonocidos. Se sabe que los usuarios de estas redes no se toman el tiempo para restringir el número de personas que pueden ver su información o ignoran que cualquiera puede copiarlas y ponerlas a circular en otras redes. Y así, “las fotos que la gente cree que son privadas pueden eventualmente cobrar vida propia”, dice la experta Morgan Ames. 

Por eso muchos ven el sharenting como un problema de seguridad. Un estudio de la Universidad de Michigan encontró que el 51 por ciento de los padres publica fotos suyas en su casa, o con el uniforme del colegio o en el carro con las placas y otros datos que pueden llevar a localizar al niño. 

Igual de preocupante es lo que revela la pediatra Bahareh Keith: la mitad de las fotos que se comparten en sitios de pedofilia han sido obtenidas de redes sociales. La mayoría de ellas eran imágenes inocentes captadas en ropa de baño durante las vacaciones y en momentos de la vida diaria, pero estaban acompañadas de comentarios explícitos e inapropiados. 

Es cierto que compartir detalles de la crianza en las redes sociales tiene sus beneficios, pues los padres crean comunidades virtuales en las que se ayudan mutuamente. Un sondeo hecho por C.S. Mott, en 2014, con 569 padres mostró que 56 por ciento de ellos comparten con otros información de sus hijos para buscar apoyo, y consideran que las redes sociales les han ayudado a tener más conciencia sobre los temas de crianza. 

Lauren Apfel, directora de la revista Motherwell, es una de ellas y argumenta que criar es una labor muy solitaria e internet ha sido una gran fuente de apoyo. “Yo sé que pueden tener problemas, pero considero que los beneficios de compartir fotos son más grandes que las ventajas”. Ames, sin embargo, piensa que los beneficios para los niños no son tan claras. “Esas fotos, que los padres ven inofensivas, pueden regresar para espantarlos cuando sus futuros jefes o exparejas las encuentren”, dice. María Aranda opina lo mismo y por eso evita al máximo exponer a su hija de 5 años en las redes sociales. “Yo quiero que ella sea responsable cuando vaya a tener su propia cuenta en estas redes y no le podría exigir eso si yo no soy cuidadosa con su información”, dice. 

Los niños están en desacuerdo con estas prácticas y eso se observa en sondeos en los cuales el 18 por ciento de ellos quisieran que sus padres no los sobreexpusieran en las redes sociales y al 11 por ciento le gustaría estar en Facebook sin la interferencia de ellos. Lo curioso es que los padres son conscientes de que están haciendo algo mal. Un sondeo hecho por el hospital infantil C.S. Mott, en Estados Unidos, encontró que el 74 por ciento de los encuestados admitió que comparte demasiada información de los hijos en las redes y 56 por ciento sabe que publica información que los avergüenza y humilla. 

Y es que otro asunto de tensión entre padres e hijos son los comentarios inapropiados de los mayores en su muro de Facebook. Camilo, por ejemplo, recuerda que pagaba escondederos cuando publicó una foto suya en esta red social con unos compañeros poco convencionales con pelo largo, piercing y tatuajes, y la observación de sus padres públicamente fue “no nos gustan tus nuevos amigos”. Por causa de estos comentarios los niños con frecuencia son víctimas de matoneo. Derek, un joven de 15 años, escribió en su muro de Facebook, “Feliz cumpleaños para mí, me voy a conseguir una cuchibarbie”. Sus sueños fueron destrozados cuando su mamá escribió en los comentarios “vete ya a dormir”, pero la frase sirvió para que sus amigos se burlaran hasta más no poder. 

Los niños empiezan a quejarse de lo que sus padres publicaron de ellos cuando se vuelven activos en las redes a los 10 años de edad, a pesar de que estas solo les permiten tener cuenta a partir de los 14 años. Para evitar esa tensión los expertos señalan que la obligación de los progenitores es que estén más conscientes e informados para protegerlos en estos ámbitos. Cuervo no cree que exista una edad en la que los hijos deben decidir estos asuntos, sino que desde muy pequeños debe existir un diálogo continuo para protegerles su imagen y para enseñarles cómo usar estas redes de manera segura y balanceada. “Y eso solo se aprende con el ejemplo de los padres”, concluye Álvarez.

Fuente: semana.com


Fecha: 23 de Junio de 2017
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